Marshall

Marshall 22 de Noviembre de 2017

FANTASÍA DE UNA REALIDAD

Las sirenas de la ambulancia sonaban, el ruido era inmenso a mi alrededor escuchaba una voz que trataba de consolarme, de dar ánimo, pero yo solo podía sentir un enorme cansancio.

La alarma me despierta, son las 6:00 am del 05 de abril del 2001, me dirijo al instituto como siempre, hoy es un día importante es mi  vigésimo primer  aniversario de vida, como de costumbre lo  celebraría con mi novia, luego comería pastel en mi casa, pero este año no es posible, el amor de mi vida ya no se encuentra a mi lado.

Ya casi era hora de la comida, decidí ir a mi hogar y  encender el televisor

‘’Hoy se cumple un año de la tragedia ocurrida en Tegucigalpa, Honduras, donde fueron brutalmente asesinados dos jóvenes y su madre’’, el caso sigue en investigación clínica…..

Me canse de escuchar sobre aquel mal recuerdo. Decidí subir a mi habitación, realizar mis tareas, y de paso continuar de leer al famoso William Shakespeare.  ‘’ No carguemos nuestros recuerdos con pesadumbres idas’’, es la frase que más me gusta de su obra ‘’ La Tempestad’’.

Escucho pasos que se  acercan a mi habitación, y por la puerta entra una joven de tez blanca, ojos color miel y de cabello castaño, lo único que pude pensar fue en el gran parecido; ella me quedo viendo y me pregunto:

Joven, seré yo quien se encargue de ahora en delante de la limpieza de este su hogar, mi nombre es Lucila Jácome, soy enviada de su madre; de la manera más cordial posible conteste con mi nombre y agradecí sus servicios.

Las conversaciones con Lucila eran gratificantes, de gran interés y entretenidas, charlábamos durante horas; de nuestros sueños, de nuestras próximas aventuras, de los lugares que deseamos conocer, de la comida que no nos gustaba e incluso de nuestras perversiones o fantasías más íntimas.

Un día, Lucila no volvió más a casa, solo envió un aviso que necesitaba realizar ciertas encomiendas y por eso faltaría a su labor por un tiempo indeterminado. El tiempo pasó y como de costumbre lo perdía con cualquier pasatiempo tonto; de regreso a casa del instituto iba distraído cuando fui embestido por un automóvil.

Ya en mi hogar recuperándome de este accidente provocado por mi insensatez, descansando en mi habitación, volví a escuchar pasos que se acercaban; y para mi sorpresa era  Lucila quien me acogió con un abrazo y me regaño por mi descuido.

La conversación comenzó y hablamos de muchas cosas, y al final ella me dijo:

‘’debo ir a ver al paciente de la par’’,    mi mente se esclareció; le pedí un abrazo y cuando estaba a punto de dármelo la golpee en el rostro y la azote contra  la pared, continúe pateándola hasta que ella no se movió más.

Empecé  a llorar, recordando mi realidad, ‘’mi hogar’’ no era más que el nombre del centro psiquiátrico donde me encontraba, donde me introdujeron al declararme loco en un tribunal que me juzgaba por haber matado a mi novia, su hermana  y su madre, esto ya hace un año.

El instituto no era más que el patio trasero donde se daban charlas de motivación entre otras actividades y mi habitación se encontraba en el segundo piso, y mi amada Lucila, ahora un cadáver, solo fue mi enfermera.

Llegue a la ventana de mi habitación, respire profundo, cerré los ojos y dije es tu culpa por parecerte a ella quien me engaño con otro el día de mi cumpleaños, salte;  ya en el suelo solo escuchaba las sirenas de la ambulancia acercándose.

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